Ha muerto Don José Galindo, cura del Fenazar e Hijo Adoptivo de Molina de Segura. Quiero, con estas líneas, recordarle con cariño y mostrar mi agradecimiento a este hombre que tanto trabajó por las buenas gentes del campo de Molina a las que dedicó su vida, más allá incluso de su vocación religiosa, porque Don José, además de ser un ejemplo de fe, era de los que pensaban que el cielo empezaba en la tierra y tenía, por tanto, que luchar por mejorar las condiciones de vida de sus feligreses, en una época en la que casi todo estaba por hacer. A esa misión dedicó este hombre su vida.
Don José entregó su vida a luchar, de verdad, por los demás antes que promocionarse en una carrera personal y en la que sin duda también hubiera podido brillar, pero que no es compatible con el compromiso de entregar la propia vida, aún no siendo siempre bien comprendido. Sin duda Don José tenía otras opciones, pero prefirió dedicarse a los demás y yo me quedo con ese ejemplo. En ello resumo toda su vida de ayuda a los necesitados, de luchas con el poder para reivindicar demandas de sus vecinos y de atención a los ciudadanos, que encontraron en él a su mejor valedor.
Don José forma parte de ese grupo de personas que adelantan el progreso en las zonas menos desarrolladas o, simplemente, más atrasadas en cuanto a disfrute de las comodidades que los tiempos modernos nos han traído. Si hoy podemos hablar de unas pedanías del campo de Molina con las demandas básicas atendidas, no era así en los tiempos en los que D. José empezó su labor y decidió liderar las demandas de las gentes que habitaban en zonas en clara desventaja en comparación con otras de mayor población, aún reconociendo que tampoco éstas estaban muy bien.
Todo eso es lo que ha significado Don José. Ha conjugado la renuncia a su prosperidad personal con su permanente disposición para resolver los problemas de los más débiles, a costa a veces de intereses de otros más poderosos. Aparte de un recuerdo para nuestro común amigo Salvador Pérez, tantos años alcalde pedáneo y compañero de fatigas, sólo me queda decir… ¡muchas gracias Don José!.