
Fiestas en el barrio que lleva ese nombre. Pude asistir el domingo a la comida de convivencia que, en el jardín del barrio, se organizó. El ambiente era festivo en la calle y no menos festivo en el local social, donde los mayores del barrio organizaron su propia comida.
Escribo este artículo porque quiero defender una tradición que muchas veces se ve denostada. Me refiero a las fiestas que cada barrio organiza. Dicen algunos, que son demasiadas fiestas. Quizá, añado yo. Pero sí es cierto que estas fiestas a veces interrumpen el desarrollo de la vida normal: tráfico, algún ruido de más por la música… y que cargan con el sambenito de que suponen un despilfarro de medios y dinero.
Habrá que convenir que, analizada con objetividad, la realidad es otra.
Detrás de cada fiesta hay un grupo de personas que trabajan todo el año para que puedan ser una realidad. Eso ya es un punto importante a su favor. La convivencia que esos días mantienen las gentes del barrio no se produce con la misma intensidad en el resto del año. Ése es otro punto a su favor. Lo de despilfarro, será del tiempo que los vecinos dedican a preparar las actividades, porque es cierto que ninguna se distingue por su excesivo coste económico. Y el Ayuntamiento debe colaborar con los medios técnicos para llevar a cabo las actividades en la calle, que consiste en el escenario de la fiesta. No hablamos, pues, de fiestas en la intimidad, sino de fiestas al alcance del que las quiera disfrutar.
Las fiestas de San Antonio han sido un buen ejemplo. Y tanto el pregón - a cargo de Carlos Fernández, farmacéutico del barrio - como el resto de actividades han tenido un nivel muy digno junto con el encanto de las cosas que se hacen con cariño. Felicito al Pregonero y no me olvido de agradecer la enorme labor que la Asociación de Vecinos, con su Presidente, Manolo Jiménez, al frente, ha realizado para que la fiesta sea un éxito.